PUNTO DE VISTA. POR J. A. SOLER
El fútbol bajo sospecha
El archivo de la supuesta compra de partidos por parte del Hércules abre de nuevo el debate sobre un asunto que se repite cada año en el fútbol español y en el que todos optan por mirar a otro lado al no existir nadie libre de pecado.
El pasado 14 de junio el Levante se imponía al Castellón y el equipo granota aseguraba de forma matemática su ascenso a Primera División. Hasta ahí nada anormal. La sorpresa llega por la noche, durante la celebración del equipo valenciano. En Punt 2 entrevistan en directo a un veterano directivo del Levante al que parece traicionarle el subconsciente entre la euforia. "Estoy muy contento porque ha sido un ascenso limpio en el que no hemos tenido que pagar dinero para ganar partidos", dijo el consejero sin cortarse lo más mínimo ante las cámaras de la televisión autonómica.
Las declaraciones apenas trascendieron y nadie, absolutamente nadie, abrió una investigación que, sin duda, habría manchado la imagen del Levante, aunque nada se hubiera podido demostrar después y el caso quedara archivado rápidamente. Cuando menos, resulta curioso ese arrebato de sinceridad en el que venía a reconocer que el conjunto azulgrana había cometido irregularidades en anteriores ascensos.
Las sospechas por irregularidades en partidos de fútbol están a la orden del día. Cada final de temporada se repite la misma historia y nunca pasa nada. Y no pasa nada porque si investigarán de verdad se caía todo el kiosco. Aquí no hay nadie libre de pecado y partidos bajo sospecha hay para dar y vender cada año. Desde encuentros con incidencia por el título de Liga como en los que deciden ascensos o descensos en cualquier categoría.
En Italia descendieron a Segunda División a grandes clubes como la Juventus por amañar partidos. Incluso, a la "Vecchia Signora" y al Milán le quitaron un título de Liga a cada uno. Eso es impensable en España en donde todos saben que no pasa nada por muchas sospechas que existan en tantísimos partidos. El caso más claro de que aquí todo vale es que hace 15 años a alguien se le ocurrió descender a Segunda B al Sevilla y al Celta por irregularidades administrativas. Poco después tuvieron que repescarlos para no tener que desmontar todo el chiringuito en el fútbol español creando aquella infame Liga de 22 equipos que ha terminando heredando la Segunda División.
Esta inmunidad provoca que todos los clubes utilicen todo tipo de armamento, permitido o no, para lograr los objetivos. Por poner un ejemplo entre muchos otros, nadie recuerda ya cómo subió el Málaga de Segunda B a Segunda (que pregunten en Terrassa) o a Primera División hace solo tres años. Las denuncias de la Real Sociedad cayeron en saco roto por muchas grabaciones teléfonicas que aportase para la investigación. En cambio, lo que olvidó aportar el club donostiarra fue la prima que pagó al Hércules por ganar 4-6 en La Rosaleda ese mismo año.
Ni siquiera el Mundial está limpio de sospecha (ver el España-Chile y que alguien pregunte en Suiza). Y nadie investiga porque si aparece un cabeza de turco, todos saben que no será el único y que cualquiera podría caer en el fango. El fútbol mueve tanto dinero y sentimiento que resulta muy complicado para poner freno a ese tipo de acciones que se repiten todos los años y en cualquier competición.
Y como los primeros que pueden verse envueltos en un escándalo de este calibre son los grandes, mejor no tocar nada, mirar hacia otro lado y el año que viene, cuando termine la competición, la historia volverá a repetirse. Es el culebrón de todos los veranos y el final siempre es el mismo. Mientras tanto, el fútbol sigue estando bajo sospecha.